Retroespeculación y praxis cultural: recordar futuros-imaginar pasados

Imaginar el futuro siempre ha sido una coreografía delicada e intricada entre lo que recordamos, lo que vivimos y aquello que osamos vislumbrar. La imaginación humana, desde siempre, se ha desplazado sobre un espectro que va de utopías optimistas a distopías siniestras, conjurando mundos posibles anclados a las experiencias que habitamos. Dos grandes estrategias han dominado tradicionalmente este accionar: la especulación, que da un salto imaginativo hacia lo desconocido sin necesariamente atarse a tendencias específicas , y la extrapolación, que amplifica las realidades del presente hacia extremos plausibles, generando escenarios cautelares y anticipatorios. Más allá de la proyección de ciertas tendencias, el horizonte de lo imaginable nunca se construye de manera arbitraria: siempre permanece unido, de forma inevitable, a los hilos de la memoria; a las historias que heredamos, a los silencios del pasado que nos interpelan y que se infiltran en nuestra anticipación del porvenir.

En medio de esta urdimbre temporal, propongo un nuevo concepto al que denomino retroespeculación: una estrategia crítica y creativa mediante la cual ciertos elementos históricos concretos son recuperados, analizados y modificados, creando así futuros alternativos y líneas temporales divergentes. Más que un simple recuerdo o un sueño ingenuo de posibilidades futuras, la retroespeculación desestabiliza las narrativas históricas hegemónicas y el tiempo lineal, permitiendo que emerjan caminos inesperados entre lo que fue y lo que podría ser.

La retroespeculación da cuerpo y voz a los fantasmas de traumas históricos. A través de las artes especulativas, literarias o cinematográficas, ciertos relatos recuperan experiencias traumáticas como las dictaduras, genocidios o desapariciones forzadas, haciendo emerger presencias espectrales. Obras como el cuento “Cuando hablábamos con los muertos” de la escritora argentina Mariana Enríquez o la película La Llorona del guatemalteco Jairo Bustamante encarnan este modo particular de retroespeculación, donde los fantasmas que emergen en el presente diegético permiten redimir, denunciar y reconfigurar la memoria colectiva frente a la impunidad.

El cuerpo neoliberal también se manifiesta en formas monstruosas bajo la lente retroespeculativa. Las mutaciones y transformaciones físicas que ocurren en novelas como Nación vacuna de Fernanda García Lao o Ornamento del colombiano Juan Cárdenas, expresan cómo el neoliberalismo penetra los cuerpos, moldeándolos hasta convertirlos en sujetos fragmentados, consumidos por las demandas del mercado. En estas ficciones, la retroespeculación utiliza la exageración crítica para advertir sobre los posibles futuros derivados de las realidades económicas contemporáneas, alertándonos acerca de peligros cercanos y concretos.

Recuperando cosmologías ancestrales, la retroespeculación permite restaurar el futuro desde la memoria colectiva de pueblos históricamente silenciados. Desde el futurismo indígena hasta el afrofuturismo brasileño, este ejercicio especulativo recupera epistemologías olvidadas, integrando saberes ancestrales a las luchas presentes por justicia social y ambiental. Un ejemplo de esto es la performance fotográfica de Uyra, quien visibiliza el ecocidio forestal en Brasil mediante la incorporación de cosmogonías indígenas, o el cortometraje Negrum3 del director brasileño Diego Paulino, que imagina cuerpos afro y queer como constelaciones celestes, resignificando así el presente a partir de una visión alternativa del futuro.

La retroespeculación reivindica la memoria no sólo como archivo del pasado, sino como acto de creación imaginativa orientado al futuro. Nos recuerda que recordar implica inevitablemente anticipar, y que la imaginación tiene un papel fundamental al integrar experiencias en patrones de significado. Como afirma Andreas Huyssen, «la memoria del pasado debe estar acompañada por la memoria del futuro». La retroespeculación sostiene esta interdependencia, iluminando la complejidad del recuerdo y de la profecía: como el angel benjaminiano al desplazarnos hacia adelante, simultáneamente miramos hacia atrás.

Al respecto de sus límites, la retroespeculación reconoce que no existe una solución universal a las crisis contemporáneas. Cada acto retroespeculativo responde a contextos específicos y crisis singulares; necesita ser tan diversa como las comunidades y desafíos que la convocan. La historia y la memoria, como sugiere Dipesh Chakrabarty, nunca podrán ser universalmente pedagógicas. Por ello, paralelamente, es esencial imaginar tantos futuros como existan comunidades enfrentando sus propias crisis particulares en el mundo.

Superar la primacía del humano representa una promesa para el futuro de la retroespeculación. Algunas propuestas culturales recientes exploran perspectivas no humanas, reconociendo actores no antropocéntricos en la creación de memoria. La novela chilena El vasto territorio de Simón López Trujillo, que posiciona al reino fungi como protagonista en medio de catástrofes ecológicas, o la instalación escultórica de Beatriz Cortez, The volcano that left, que explora la memoria geológica del planeta, son ejemplos reveladores. En ellas, la retroespeculación cuestiona el excepcionalismo humano y abre interrogantes sobre cómo podría funcionar la memoria más allá de nuestra especie.

La retroespeculación afirma que la imaginación especulativa es, ante todo, un mecanismo vital para sobrevivir y prosperar en este siglo convulsionado. En un presente saturado por crisis políticas, pandemias y emergencias ecológicas, esta práctica creativa actúa como una fuerza plástica, resiliente, que permite transformar rupturas en posibilidades de reconfiguración profunda. Lejos de ser una fantasía abstracta, la retroespeculación se posiciona como herramienta concreta para activar planes de contingencia y resistencia frente a las catástrofes actuales.

Habitar el presente requiere aceptar que el futuro siempre está lleno de memoria. La retroespeculación ilumina caminos que permanecen ocultos, revela continuidades escondidas y nos desafía a forjar creativamente posibilidades desde los escombros y silencios del ayer. Este ejercicio es un compromiso ético y poético para recordar de forma diferente, anticipar con sabiduría e imaginar sin ataduras.

Retroespecular es reconocer que los futuros que soñamos están inevitablemente tejidos con las huellas de lo que hemos sido y de los que han venido antes de nosotros. Al final, entenderemos que al recordar, siempre estaremos imaginando, y al imaginar el futuro, también hacemos memoria.

Cita:
Parisi, Ariela. «Retrospeculación y praxis cultural: recordar futuros, imaginar pasados». Cronoscopia, cronoscopia.com/retrospeculacion-y-praxis-cultural-recordar-futuros-imaginar-pasados/.

Biografía de la autora: Ariela Parisi es profesora asistente de español en Alfred University. Originaria de Rosario, Argentina, obtuvo su doctorado en Literatura Hispánica en Rutgers University y una maestría en español en Ohio University. ​

Su investigación se centra en la intersección entre los estudios de la memoria y la ficción especulativa en América Latina, explorando cómo las narrativas de memoria se reimaginan a través de marcos especulativos. Entre sus áreas de especialización se encuentran los estudios culturales latinoamericanos, los estudios de la memoria y los estudios cinematográficos, con un enfoque particular en el Cono Sur y Brasil. ​

En su rol docente, imparte una variedad de cursos que abarcan desde la enseñanza del idioma español hasta seminarios temáticos como “Género en el cine latinoamericano” y “Futuros en peligro: la ficción especulativa latinoamericana”.


Discover more from Cronoscopia

Subscribe to get the latest posts sent to your email.